
Bueno, habrán notado que el ritmo de publicación ha descendido. Son cuestiones pasajeras debidas a problemas de salud y otros burocráticos. Así y todo, quería comentarles, unos cuántos días antes de su estreno nacional, que vi Avatar. Y que toda la desconfianza que ciertas escenas me habían causado en el adelanto que se proyectó hace unos meses ha desaparecido. Desgraciada o afortunadamente, y aunque ya hay sitios inescrupulosos que permiten verla on line, Avatar destruye definitivamente la idea de que se puede ver cualquier cosa de cualquier manera. Avatar sólo se puede ver en el cine, en 3D, en una pantalla cuanto más grande mejor.
¿Qué hizo Cameron? En principio, todo lo contrario de Titanic: un film que puede transformarse en una “franquicia” (ya hablan de trilogía), disfrutable por grandes y chicos, que combina el aspecto documental (el paseo por un mundo natural, incluso si está completamente inventado) con la animación y el truco. Los trucos, de paso, no se notan jamás: en cuanto ustedes escuchan a los gigantes azules de los Na’vi, se acabó: a estos tipos es a quienes queremos seguir. Aquí no hay “historia real”, aunque la historia real (la invasión a Irak, la conquista del Oeste, el crecimiento del capitalismo salvaje, el sentido de la carrera espacial, etcétera) se cuela como puro material de la ficción. Es decir, ayuda a sostener la historia pero no son lo que realmente importa.
Lo que importa es que Cameron no cree que el cine se haya terminado: más bien cree en barajar y dar de nuevo. La tecnología aquí es importante, y obliga al espectador a ir al cine si quiere realmente disfrutar de esta creación absoluta. Sí, “absoluta”, incluso si su historia está llena de tópicos: ustedes también, y yo también, somos gente llena de tópicos. Nacemos, comemos, nos enamoramos, nos peleamos, amamos, odiamos, criamos una familia o no, nos morimos. ¿Por qué Avatar sería diferente? Y lo es, porque nos muestra una situación excepcional, la de un (disculpen el “tópico”) “Choque de civilizaciones” que en realidad no es tal. Cameron muestra que nuestra “civilización” es, básica y literalmente. basura.
Para comprender realmente lo que Cameron hizo aquí habrá que esperar unos años, a ver cómo se introduce este film en nuestra memoria. No dudamos que sea así, dado que el director es quien creó a Terminator y Sarah Connor, el que inventó realmente a Ellen Ripley (en Alien, de Ridley Scott, Ripley es apenas un nombre, una excusa, un ser vacío, una función narrativa: Cameron la transforma en madre, luchadora, persona completa), el que conoció el Abismo y el que volvió hipersexy a Jamie Lee Curtis. Y, por supuesto, el hombre que reflotó el Titanic para volver a hundirlo (y, de paso, cristalizar definitivamente a Kate Winslet, mérito que alcanza a justificar cualquier vida de cualquier mortal).
Vean Avatar porque es otra cosa y es el cine. Es como ver en estreno El nacimiento de una nación o El ciudadano o El padrino. Es el cine renaciendo de las cenizas con el lenguaje transparente del clacisismo y la fuerza de toda tecnología puesta al servicio de la emoción.
De aquí a Terra.